viernes, 11 de septiembre de 2009

Gripe A, ¿en qué quedamos?

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La gripe ha sido una fuente inagotable de noticias durante los meses de julio y agosto en el estado español. La verdad es que inicialmente con una dosis de alarmismo muy elevada (como puede verse en la pancarta del Colegio de Médicos de Madrid).



Las declaraciones de altos cargos sanitarios de nuestro país, que hacen recomendaciones sin tener responsabilidades asistenciales directas (no hay que olvidar que la gestión de la asistencia está transferida a las Comunidades Autónomas), o los mismos cargos de la OMS, creo que tienen un denominador común: han trasladado a la prensa el debate científico-técnico. Ante un virus nuevo es natural que surjan dudas sobre la vacuna o los antivirales. Pero estas dudas deben resolverse en el ámbito científico. Los políticos (por lo menos algunos políticos) han tenido demasiada prisa.

Afortunadamente las aguas vuelven a su cauce.

Las informaciones del Ministerio de Salud de Chile (Minsal) son un buen ejemplo de rigor (y a la vez de simplicidad). Al final en Chile han ingresado poco más de 1.300 pacientes y para hacer frente a la pandemia han aumentado un 9% las camas de críticos, han comprado 110 ventiladores (casi la mitad para hacer ventilación no invasiva) y han reforzado la atención domiciliaria. Todo muy sensato.

En un primer análisis (BMJ y el informe de la Casa BlancaAssessment of the 2009 Influenza A (H1N1) Outbreak on Selected Countries in the Southern Hemisphere”) se puede apreciar que el impacto de la pandemia ha sido menos importante de lo esperado, tanto respecto al número total de casos como el número de pacientes graves. Pero hay que destacar que en un pequeño número de pacientes las complicaciones relacionadas con el virus H1N1 son muy graves y requieren ingreso hospitalario y, en algunos casos, atención en unidades de cuidados intensivos.

Desde primeros de septiembre se empiezan oír voces reclamando calma y criticando la alrma exagerada.

Ahora podemos situarnos en el extremo opuesto del péndulo. Algunas declaraciones contra el alarmismo pueden hacer suponer que no pasará nada. Esto es tan peligroso como el extremo opuesto. Claro que pasará. Pasará lo que ocurre cada año con las epidemias gripales: más visitas, más visitas domiciliarias, más ingresos, anulaciones de visitas programadas y de intervenciones aplazables, tiempos de espera más largos.... y otra vez la prensa. Hay que estar preparados porque todo esto es previsible.

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